Blog de Tonatiuh Rocha, diseñador y colorista de comics, miembro de ¡Ka-Boom! Estudio

De paseo en el "Chugabum"

martes, septiembre 26, 2006

Cuando era niño y antes de las terribles devaluaciones de los años 80, mi papá compró un automovil volswagen tipo sedan, mejor conocidos como "vochos", propiedad entonces de un amigo suyo. Cuando el auto llegó a la casa, sobra decir que fue una espectacular sorpresa, sobre todo porque los tiempos eran un tanto difíciles y en casa jamás nos imaginamos como una familia "motorizada".

Mi padre optó por nombrar al auto "Chugabum", aunque en aquel entonces yo no tenía idea de lo que pudiera significar y mucho menos que un auto pudiera tener un nombre.
En tiempos recientes me enteré que el Chugga-boom era el segundo vehículo de Clyde y Los Pandilleros, una especie de gansters enanos, en la caricatura de Los Peligros de Penélope, la cual evidentemente era vista por mi papá.

Esta serie se transmitió en México en los años 70, pero yo nunca tuve oportunidad de verla, razón por la cual desconocía la procedencia del nombre, el cual, mi padre optó por "mexicanizar" como CHUGABUM.

La manera en como mi papá manejaba el espíritu del coche me llevó a compartir su idolatría por el mismo y también a mis hermanos, a tal grado que hace relativamente poco se sucito en el Estudio K! un evento cómico-trágico-musical. Cuando dentro de una conversación casual Oscar había preguntado: ¿Quién era el Chugga-boom?, ¿Era de Los Autos Locos?.

Yo, presto a responder, con toda la familiriadad que el nombre me representaba y sin ninguna precaución de recordar que hasta ese momento realmente nunca había mencionado la existencia de dicho auto en mi familia, me quede literalmente boquiabierto y shockeado, cuando escuche a Memo Salas (sentado a mi lado), con toda la velocidad y naturalidad que su infalible y prodigiosa (y además para mi en ese mom
ento entrometida) memoria le permitian, recitar en tiempo record la siguiente cantaleta: "era el auto de los mafiosos enanos en Los Peligros de Penélope".

¡¡¡NNNNNOOOOOOOOOOOOOOO!!!
Fue practicamente mi grito desgarrador (o algo así), que tomó por sorpresa a los allí reunidos, los cuales escucharon mi presurosa justificación: "¿CÓMO QUE EL COCHE DE LOS PELIGROS DE PENÉLOPE?, ¡NO!, ¡ASÍ SE LLAMABA EL COCHE DE MI PAPÁ... YO SIEMPRE CREÍ QUE EL LO HABÍA INVENTADO!
¡¡¡Acabas de destruir una fantasía familiar de 20 años M-E-M-O!!!"
Y una fracción de segundo despues, vino (como era de esperarse), la risotada de todo el estudio.
Bueno, una fantasía más al baúl.


El caso es que el coche pasó a ser parte de la familia. Sobra decir que mi papá era de por sí un hombre fantasioso y un tanto carismático, pero dentro de todo culto (al menos ligeramente por encima del promedio). El Chugabum se convirtió de por si en parte integral de su personalidad y uno de esos rasgos era precisamente la fantasía con que manejaba las salidas y paseos de la familia, muy especialmente las idas al cine.

A mis papás siem
pre les gusto en demasía la ciudad de México, muchas veces tuve interminables discursos y cantaletas sobre lugares y localidades que fascinaban sobremanera a mi papá y también a veces a mi mamá. A veces me aburría, si he de ser sincero, pero a pesar de ello, todos esos relatos y datos sobre la ciudad y su historia son ahora preciados valuartes de mi niñez y formación humana.

Conocí el Cine Bucareli, uno de los más queridos de mi padre puesto que en ese barrio creció y se formo el patrimonio de mi familia por parte de mi abuelo. Cerca de ahí esta el edificio de Excelsior y el antiguo edificio de la Loteria Nacional, junto al cual se encuentra actualmente la Torre Caballito, llamada a sí porque en su patio se encontraba originalmente la estatua de Carlos IV, mejor conocida como "El Caballito", la cual removieron y reacomodaron frente al antiguo Palacio de Mineria, y en su lugar pusieron la actual estructura creada por el artista Sebastian.

Abordo del Chugabum, pasábamos por avenida Bucarelí alrededor de la glorieta del Reloj Chino, de frente hacia Gobernación y dando vuelta en Chapultepec, veíamos adelante las torres de Televisa Chapultepec.




















De
regreso hacia avenida Juarez hacíamos escala en el mercado de La Ciudadela y jugábamos de vez en cuando en el cañón del patio de la Biblioteca México.

Cuando pasabamos sobre Isabel la Católica, retomábamos el Eje Central junto a Bellas Artes, donde dábamos vuelta para enfilar de nuevo hacia el poniente junto a la Alameda Central. Todos esos lugares eran también los espacios de recreo de mi propio padre cuando era niño y que siempre le traían gratos recuerdos.










Si seguiamos por toda la avenida Mexico-Tacuba llegábamos a ver El Arbol de la Noche Triste en el rumbo de Cuitláhuac y Popotla.





La Torre Latino fue un gran descubrimiento, desde ahi se observaba la Librería Gandhi en las cercanias, también El Palacio de Correos (¡magnífico!)...


...La Torre de Mexicana, El Edificio de Banobras, El Castillo de Chapultepec, la de Torre de Pemex... y creo que, hasta ¡Xochimilco!...

























También se apreciaban, El Monumento a la
Revolución, La Glorieta del Angel, El Zócalo y a la distancia los espectaculares volcanes Popocatepetl e Iztaccihuatl.


















Todos
esos rincones de la metrópoli, despues los recorreríamos viajando por la ciudad, viendo y viviendo México (como dice mi papá) desde la ventanilla del Chugabum. Este auto, viejito, ruidoso y amarillo, se convirtió en, como dice Oscar sobre lo que la camioneta de su papá significa para su familia, "el Enterprise de los Rocha".


Algunos de los lugares que más me gustaban y que fuimos conociendo poco a poco durante las salidas familiares eran los distintos cines que había en la ciudad. El Cine Ópera, que se ubicaba en San Cosme, era de mis favoritos, ahí fui a ver muchas de las películas de Disney y otras de ciencia ficción como El Imperio Contraataca.

Cerca de ahí estaba el cine Cosmos, donde vi las películas de Los Dobberman al Ataque, Spiderman y el Capitán América de los 70 (chafísimas, pero espectaculares cuando niño) y la última fue la Super-Película de ¡Mazinger Z!

Otro de mis favoritos era el cine Futurama, junto a lo que hoy es Plaza Lindavista y que estuvo mucho tiempo derruido y ahora esta en vías de remodelación para convertirse en un centro cultural, la última película que vi en ese gigantesco cine fue Batman Regresa.










Frente al Futurama, cruzando avenída Politécnico, existía un excelente salón de arcadías o maquinitas, llamado Asteroides. Antes o después de cada función era casi obligatorio pasar a aquel sensaciona hollodeck de videojuegos de mi niñez. Los cines de mi casa también eran de cajón: los Multicinemas Azcapotzalco, que me impresionaron con sus "modernísimas" Pantallas Flotantes, cuando proyectaron Starman, Aventuras de un Lobo Adolescente, Volver al Futuro, y los reestrenos de Star Wars, Superman, etc, etc.

También estaban los Multicinemas Las Armas, donde recuerdo perfectamente que fui a ver Terminator. Los cinemas La Raza eran otros que visitábamos continuamente, ahí vimos creo que el reestreno de Tiburón y Supermán IV en el 87.

Plaza Galerías era sensacional, no sólo por las visitas al cine, sino también por el Centro Comercial que era medio raro, pero que al final de sus largos pasillos contaba también con salón de... ¡maquinitas!




El cine Diana (frente a la fuente de la Diana Cazadora) era también "de la casa". Disfrute mucho cuando vi por primera vez E.T. una de sus salas. Cerca de este estaba el Latino, que era más como cine de arte y rumbo a la Zona Rosa, muy cerca de la glorieta de Insurgentes, estaban Las Chispas, otro sensacional salón de maquinitas, indispensables en todo niño citadino de los 80.











El Palacio Chino era impresionante, tenía varias salas amplísimas y decoradas todas con motivos de la cultura china, la película que más recuerdo de ese cine fu
e la primera que vi en 3D y que creo que era una película llamada Metalstorm. El Real Cinema era otro cine recurrente y estaba a la vuelta del Palacio Chino, muy cerca del Bucareli también.

Cuando íbamos al Parque México, a veces pasábamos al Cine México, ahí vi El Retorno del Jedi.





En el norte estaban los cines de Plaza Satélite, el gigantesco Apollo, y también el Autocinema Satélite.


Otro autocinema era el de Lindavista al que también llegué a ir en un par de ocasiones, además de el Cine Lindavista, que es un vivo recuerdo de mi niñez, con su estructura de castillo en la fachada y el griterio de chamacos en el interior de la sala. Cuando no veía una película de Disney en el Ópera, seguro tenía que verla en el Lindavista, de hecho, la última película que vi ahí fue La Sirenita.











En el sur estaban el Manacar y La Cineteca Nacional, donde por cierto m
e di un pasonsote infantil cuando me llevaron a ver en estreno The Wall. También estaban los cines de Plaza Universidad, creo que el de Churubusco e incluso algunas vez los de Perisur.

Todos estos cines y lugares fueron muy importantes en mi infancia y adolescencia, eran santuarios de ficción y fantasía donde poder disfrutar de un muy buen rato de entretenimiento.









Muchos ya no existen o han sido remodelados, pero la magia de su antiguo aspecto y valuarte perm
anecen en mi memoria, en el lugar reservado para la fantasía, estacionados junto al querido Chugabum.


4 comentarios:

Oscar González Loyo dijo...

Ni modo Tona, también fuiste víctima de la Brecha Generacional. ja ja ja

Blaster K! dijo...

Si, pero que bueno que así ha sido, lamentablemente existen muchos chavos de mi generación y más jóvenes que han perdido o no han valorado los momentos que nos ha tocado vivir.

En ocasiones uno quisiera haber vivido en otros tiempos para ver el avence de la historia, la sociedad y la tecnología. ¡¿Cuantas cosas han visto personas como nuestros padres que marcaron época?!

Por eso debemos valorar y disfrutar nuestro efímero paso por esta tierra lo mayor y mejor posible.

Gracias Oscariux!

Anónimo dijo...

Tona:

De verdad, de verdad, de verdad, de verdad, de verdad lamento haber empañado tus recuerdos de la infancia con mi ñoñez. La verdad, se me salió, ahora si que yo creí que tú sabías lo de chugaboom.

Sorry.

Memo Salas.

Blaster K! dijo...

Que tal Memo!

Pues muchas gracias por tu comentario, aunque la verdad es que la anécdota no era en plan de reclamo, sino como mero recordatorio de un suceso curioso y gracioso a fin de cuentas, como precisamente comente en el relato.

De todas formas ni tu ni nadie tenía la más remota idea del significado del Chugabum para mí, pero hay que reirnos de la situación, que después de todo fue bastante chusca.

Un saludo!